En la oficina, al lado de la máquina de café, algunos compañeros comentaban la crisis de uno de los directores y su posterior ingreso al siquiátrico. El reflejo de mi propia suerte aderezada con su morbo adornaba la imagen plagada de forcejeos, camisas de fuerza y paredes acolchonadas que describían las secretarias como quien grita un gol en el estadio.
Más que los hospitales me horrorizan los clichés. Para evitar el lugar común volví sobre mis pasos pisando mi propia sombra y ya en mi escritorio metí los dedos en el café hirviendo.
Ahora si, me puedo poner a trabajar.
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miércoles, 7 de julio de 2010
miércoles, 17 de febrero de 2010
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